
De Atenas a Atenas, con ansias de Final Four
Admito que tenía unas ganas locas de ver perder a Ergin Ataman, un grandísimo técnico, aunque un auténtico marrullero en su comportamiento, que nos privó del título de la Copa Saporta en 2002 cuando se dirigió al Montepaschi Siena.
Pradilla celebra el pase con la afición taronja / Francisco Calabuig
Confieso que no suelo mirar con nostalgia al pasado, excepto con alguna fotografía de mis hijos, pero ayer, durante todo el día, experimenté una sensación especial, difícil de explicar. La razón, el histórico partido, y tan histórico, del Valencia Basket contra el Panathinaikos. Cuando vi el Roig Arena, todavía vacío, con los asientos forrados de camisetas naranja y el lema “Llarg és el camí”- al más puro estilo NBA-, las emociones, las pulsaciones, el cosquilleo se dispararon. Mis vibraciones eran positivas. Albergaba un optimismo moderado. Mi pálpito me dijo que sí, que el Roig Arena iba a ser determinante. Que la doble gesta del OAKA tendría su recompensa. Que esta oportunidad no iba a escaparse. Que el Valencia Basket se clasificaría para jugar la Final Four de la Euroliga. Por cierto, el primer partido del equipo valenciano como visitante en Euroliga se celebró en Atenas, en noviembre de 2003. La primera Final a 4 de la historia tiene como sede la capital griega. Los guiños y casualidades del destino.
Admito que tenía unas ganas locas de ver perder a Ergin Ataman, un grandísimo técnico, aunque un auténtico marrullero en su comportamiento. A Ataman lo tengo atravesado desde hace más de dos décadas. Para ser exactos, desde hace veinticuatro años, cuando el entrenador turco se dirigía a Montepaschi Siena. En abril de 2002, en la ciudad francesa de Lyon, el conjunto italiano, liderado por el excelente base macedonio Petar Naumoski, privó al entonces Pamesa Valencia del título de la Copa Saporta. Fue uno de esos días dolorosos, que cubrí como enviado especial de Levante-EMV, y que perduran en la memoria. Con el paso del tiempo, algunos recuerdos se difuminan, desaparecen. Para actualizarlos, has de recurrir o a la hemeroteca o a ese amigo que siempre te aporta la fecha exacta, el dato preciso. Por el contrario, hay otras imágenes que siguen en mi mente. Indelebles, imborrables. Inalterables. Por lo que sea, en mi memoria permanece intacta la imagen de aquel Ataman de 2002, ya provocador, ya exagerado, hasta histriónico, imponiendo su ley ante Luis Casimiro, el entrenador del equipo valenciano en aquella final tan infausta.
Hazaña y heroicidad en una noche mágica
Pese a todo, aún guardo en un cajón la camiseta, algo raída y descolorida, de aquel encuentro, porque la asociación a unas vivencias personales y profesionales que, en el fondo, resultaron maravillosas. Igual, este fin de semana me la planto como un manifiesto de cuenta saldada. Y aunque siempre digo que puertas que se cierran no deben volver a abrirse, qué envidia poder contar, narrar, relatar o, en definitiva, vivir, una Final Four de la Euroliga en ese templo del OAKA, en Atenas, en la casa de Panathinaikos. La conquista lograda por Pedro Martínez y sus jugadores entra en la categoría de hazaña, de heroicidad. Por méritos propios y tras una competición continental de ensueño, se han convertido en uno de los cuatro mejores conjuntos del baloncesto europeo.La euforia y la felicidad de Juan Roig en los minutos posteriores a la proezaestaban más que justificadas. Era una noche inmensa, redonda, mágica. Pero, ojo, esto aún no ha terminado…
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